| ¡Conducir
los Ministerios del Niño es algo extremo! Es extremadamente
agotador y extremada-mente satisfactorio. En algún sábado,
usted puede encontrarse sudando, llorando, corriendo, abrazando, riendo,
inclinándose, alcanzando, queriendo escapar y queriendo saborear
los mo-mentos eternos de gran valor.
Si, nosotros tenemos mucho para aprender de
los niños. Jesús menciona algo en Mateo 18:4 “Así
que, cualquiera que se humillare como este niño, éste
es el mayor en el reino de los cielos”. Los niños realmente
no están tan preocupados con lo que la mayoría de
la gente piensa acerca de ellos. Particularmente, ellos no están
impresionados por la posición o título. Mas bien,
los niños están interesados en la persona que hay
detrás del título o posición.
Los niños son rápidos para hacer
amistad con otros. Ellos están más deseosos de perdonar
y no cargar con rencores. Ellos aceptan a los otros completamente,
sin considerar su color o pa-recer. Recuerdo cuando mi hijo mayor
llegó un día de su clase de Jardín de Infantes,
él cami-naba en nuestro apartamento con 8 amiguitos –
Africano, noruego, coreano, americano, etc. Él orgullosamente
anunció, “mami, estos son mis mejores amigos”.
No hay prejuicio con la piel, ¡Qué lección!
Somos los adultos quienes cincelamos esto.
Otro rasgo que necesitamos imitar con más
frecuencia, es la habilidad del niño para soñar. A
los niños les gusta soñar e imaginar cosas. Sus ideas
nunca son fijas. Ellos sueñan con todas las posibilidades
disponibles. Los líderes de niños necesitan soñar
planes, presupuestos y me-tas grandes. Tales sueños engendrarán
una visión para mantener a la iglesia viva, entusiasta y
activa. Esto da dirección y entusiasmo a la congregación.
|
|